Conversar es más que decir y escuchar palabras. A diferencia de otros géneros orales en el diálogo, el cambio de roles entre el hablante y el oyente ocurre en forma permanente. Además, se ponen en juego diversos tipos de signos y se utiliza más de un canal de comunicación. Por eso, la conversación, forma básica de interacción humana, responde a un proceso de producción de sentidos, más que a un modelo comunicativo lineal de emisor-mensaje-receptor.
En otras palabras, la capacidad de conversar, de acuerdo a las reglas vigentes en un grupo social determinado, o la competencia conversacional, se desarrolla mediante una práctica sistematizada que articula el código lingüístico -las palabras y las reglas para su uso- y lo integra a otros, no lingüísticos, formados por signos:
